Puede sonar extraño decirlo después de haber ganado el mundo.
Porque sí… claro que queremos volver a salir campeones.
Claro que soñamos con otra vuelta olímpica.
Claro que imaginamos otra noche eterna abrazados a una bandera argentina.
Pero hay algo más fuerte.
Algo que ni siquiera tiene que ver con el resultado.
Y es volver a verte feliz con la camiseta argentina.
Porque en Qatar no solamente levantaste una copa.
Le devolviste el alma futbolera a millones de personas.
Nos devolviste la alegría de creer.
La emoción de esperar un partido durante días.
El orgullo de mirar al mundo de frente.
La felicidad de abrazarnos con desconocidos llorando en una calle.
Por eso el Mundial 2026 ya empieza a sentirse distinto.
No se vive desde la obligación.
Se vive desde el corazón.
Cada partido puede convertirse en un recuerdo eterno.
Cada himno.
Cada mirada.
Cada vez que aparezcas caminando hacia la cancha con la cinta de capitán.
Y quizás por eso hay algo que los hinchas argentinos no se animan a decir demasiado.
Tenemos miedo.
Miedo a que el tiempo pase.
Miedo a que llegue el día donde ya no estés ahí.
Miedo a entender que esta historia no dura para siempre.
Porque hay jugadores enormes.
Leyendas.
Ídolos.
Pero lo tuyo ya pertenece a otro lugar.
Vos lograste que un país entero volviera a sentirse niño.
Y tal vez por eso hoy muchos hinchas sienten lo mismo:
No necesitamos otra copa para agradecerte.
No necesitamos otra final para emocionarnos.
A veces…
solo queremos otro abrazo tuyo con la camiseta argentina.